El resplandor cálido
En Caracas, su armario se enciende.
Los naranjas extravagantes, los rosas intensos, los destellos solares se convierten en una segunda piel, acompañan sus pasos.
La mujer Devernois elige los tejidos fluidos, esos que acompañan más que imponen: un vestido largo que sigue el movimiento del cuerpo, una túnica colorida que suaviza la figura, unos pantalones flexibles que acompañan su ritmo.
El color, ella no lo padece: lo domina. Siempre con moderación, nunca con exceso.
Su armario evoca alegría, pero una alegría contenida, elegante. Una luz interior que se traduce en matices, en gestos, en fluidez.